La “mano” como gatillo de la furia de Catalina
Patricia Vargas

En 1592 nace la historia de Catalina de Erauso, también conocida como Antonio o Monja Alférez. Fue militar, monja y escritora, y su vida constituye uno de los fenómenos más sorprendentes del Siglo de Oro español. Lo que en su tiempo parecía una anomalía, una mujer que adopta identidad masculina y vive como soldado, hoy se entiende como una profunda reflexión sobre la identidad, el cuerpo, la libertad y los límites sociales impuestos por el género. Catalina de Erauso no solo desafió las convenciones de época, sino que utilizó su relato propio como espacio de legitimación y autoafirmación.
Catalina decidió vivir como hombre en una sociedad profundamente dividida por el género. En su autobiografía narra sus aventuras y enfrentamientos, pero lo más significativo es cómo se representa a sí misma: como un hombre capaz, decidido y libre, aunque también egoísta y orgulloso. A lo largo del texto se repiten numerosos patrones léxicos y expresiones recurrentes, pero uno de los elementos más llamativos es el uso simbólico de la palabra “mano”. Catalina la emplea, en un principio, para expresar tanto afecto y cariño, como agresión, y más adelante la convierte en un símbolo de poder y en el desencadenante de su ira, marcando momentos clave de su transformación personal.
En este análisis se utiliza la plataforma digital Voyant Tools, una herramienta que permite visualizar y cuantificar el lenguaje de un texto. Gracias a ella es posible reunir evidencia cuantitativa y visual, especialmente útil cuando se analiza un término específico. En este caso, la palabra “mano” aparece alrededor de 36 veces a lo largo de la obra. La palabra mano se puede observar desde el principio de la obra donde se puede observar con el gráfico de Voyant Tools que no se menciona muchas veces como al final de la historia. Al mismo tiempo, se convierte en un elemento conductor del relato y espejo de la evolución de la protagonista.

En el primer capítulo se aprecia que el término mano opera como símbolo ambivalente; puede señalar el afecto y el abuso. Eso se evidencia en dos ejemplos del texto: “Era ella robusta y yo muchacha; me maltrató de mano y yo lo sentí” donde la mano es instrumento de agresión física y humillación, y “Mi tía, tocándose con la mano en la cabeza, me dijo: «Anda, acuéstate»”, donde la mano actúa como gesto de cuidado o consuelo. Más adelante, tras la fuga del convento y la asunción de la identidad masculina, la palabra mano pasó a emplearse en contexto militares, “Estábamos siempre con las armas en la mano, por la gran invasión de los indios que allí hay”. Aquí la mano aparece conectada con la posesión de arma y la función profesional de soldado. Finalmente, en episodios de interacción social y conflicto lejos de cambio de combate, la mano se vuelve símbolo de poder y detonante de ira: “Proseguí mi juego, gané una mano, y el Cid entró la suya en mi dinero, sacome unos reales de a ocho y fuese. De allí a poco volvió a entrar y volvió a entrar la mano; sacó puñado y púsose detrás. Previne la daga, proseguí el juego, volviome a entrar la mano al dinero, sentilo venir, y con la daga clavele la mano contra la mesa.” Esta frase se puede ver como la mano se convierte en un gatillo de ira de Catalina, utilizó la palabra como cuatro veces y al mismo tiempo teniendo acompañado un término muy violento “espada”.

En conclusión, el análisis del término “mano” permite comprender la evolución simbólica de Catalina de Erauso y la manera en que su lenguaje revela un proceso de reconstrucción. La palabra empieza como un gesto de afecto o abuso y termina siendo emblema de poder y autodefensa. Con la ayuda de la herramienta Voyant Tools, es posible visualizar cómo este término se convierte en un eje semántico del texto. Al final entendemos que, en la obra de la Monja Alférez, la mano no solo actúa, sino que piensa, siente y simboliza la tensión de las situaciones en las que ella se encuentra.