Catalina Sangrienta
Lauren Barnwell
Durante el Siglo de Oro, una época marcada por la conquista, la guerra y la expansión del Imperio español, la violencia era parte de la vida cotidiana. En Vida y sucesos de la Monja Alférez, Catalina de Erauso narra su historia personal dentro de ese contexto, mostrando cómo la violencia fue esencial para su supervivencia y para construir su identidad. A través del análisis del texto con Voyant Tools, usando las palabras “matar”, “sangre”, “espada”, “herida” y “guerra”, se puede ver cómo la violencia aparece repetidamente y cómo está relacionada con su posición como soldado y con su ruptura de las normas de género.

El gráfico de tendencias de Voyant Tools (Figura 1) muestra que las palabras “espada” y “matar” son las más frecuentes, sobre todo en las secciones donde Erauso participa en combates. “Sangre” y “herida” aparecen en momentos que siguen los enfrentamientos, mientras que “guerra” está presente de manera constante en todo el texto. Estos resultados indican que la violencia no es un elemento aislado, sino una parte constante del relato. Cada episodio importante de la autobiografía está marcado por una acción violenta que impulsa la historia y define la voz narrativa.
Erauso utiliza la violencia como forma de demostrar poder y asegurar su lugar en el mundo. En un momento del texto, cuenta: “saqué mi espada y le di dos heridas, y cayó muerto” (Erauso, cap. 6). No muestra arrepentimiento, sino orgullo. Matar se convierte en una acción que confirma su capacidad de actuar como los hombres que la rodean. De la misma manera, el uso constante de la palabra espada refuerza su papel como soldado. En otro pasaje, dice: “andaba siempre con mi espada al lado, dispuesta a cualquier encuentro” (cap. 9). La espada simboliza la independencia y la autoridad que logra adoptar. A través de la violencia, Catalina obtiene respeto y libertad, algo que no le habría sido posible bajo las normas impuestas a las mujeres de su época.
Las palabras “sangre” y “herida” muestran las consecuencias físicas de esa vida. En una escena, recuerda: “me hirieron en la cara, y me corría la sangre, mas seguí peleando” (cap. 14). La sangre, lejos de ser solo signo de dolor, se convierte en símbolo de resistencia. Aunque sufre, no se detiene. Las heridas marcan su cuerpo, pero también su identidad. La violencia no solo destruye; también construye, dejando huellas que prueban su fortaleza y su valor.
El término guerra aparece con frecuencia a lo largo del texto, representando la violencia institucional del imperio. En un episodio, Erauso relata: “entramos en guerra con los indios y peleamos tres días sin cesar” (cap. 11). En este caso, la violencia se justifica como parte del deber militar. La guerra le da un lugar dentro de la estructura colonial, donde puede actuar libremente y obtener reconocimiento. Sin embargo, también revela una contradicción: la misma violencia que le da poder es la que sostiene un sistema opresivo. Erauso participa en una maquinaria de conquista que causa muerte y sufrimiento, pero dentro de ella encuentra la única manera de existir bajo sus propios términos.
El análisis de Voyant Tools y las palabras del texto muestran que la violencia en Vida y sucesos de la Monja Alférez no es solo una parte del contexto histórico, sino el núcleo de la identidad de Catalina de Erauso. Las palabras matar, espada, sangre, herida y guerra se repiten para reflejar tanto su poder como su dolor. A través de ellas, Erauso construye una imagen de sí misma basada en el coraje y la fuerza. En un mundo que limitaba las acciones de las mujeres, Catalina usó la violencia como forma de afirmación personal. Su historia demuestra que, en ciertos contextos, la violencia no solo destruye, también crea.