La virtud de las mujeres creyentes

Patricia Vargas

Santa
Figura 1: Santa Magdalena (Fuente?)

La virtud de la fe es la disposición mediante la cual un ser humano se entrega libremente a las manos de Dios y es la que ha llamado más mi atención en el Libro de las claras e virtuosas mugeres de Álvaro de Luna, porque, en cada mujer, la fe se convierte en una parte esencial de su vida. La fe se manifiesta en varios personajes, pero los que elegí para este ensayo son Ana, Santa Inés y Santa Magdalena. Este análisis se centra en mostrar cómo la fe se desarrolla y se transforma en una herramienta de fortaleza moral.

El Libros de las claras e virtuosas mugeres se divide en tres libros y contiene entre 18 a 80 biografías en cada uno de ellos. Para elaborar este análisis, he utilizado el gráfico de la Figura 1 de “Bar Chart Virtues”, donde se observa como a cada personaje se le atribuyen diferentes virtudes. Según el gráfico, la fe ocupa el quinto lugar en frecuencia de virtudes con un total 18 personajes que resalta esta virtud.

En el libro se presentan varias mujeres; sin embargo, la que decidí analizar primero es Ana, hija de Fanuel. Ella es reconocida por iluminar el espíritu de Dios al anunciar repetidamente futuros eventos y por reflejar su fe en la vida cotidiana. La fe constante de Ana se fundamenta en su confianza absoluta en Dios, permaneciendo en oración y servicio, incluso en la viudez y ancianidad: “E esta santa mugre viuda avía ya bien ochenta e quatro años que continúa e en el tenplo de Dios e non se partía de allí, antes siempre perseverava e sirvía a Dios dia e noche ayunando e orando”. Ana reconoció a Jesus como el Salvador sin requerir pruebas externas y lo proclamó con valentía: “ella por el Espíritu Santo començó de fablar dél a todos los que espervan la redención del pueblo de Israel, mostrado e predicando como aquel era el salvador e rey Mesías esperado por el pueblo e prometido por la ley e pro los profetas”. Su fe se refleja en su perseverancia en el templo, su esperanza en la llegada del Mesías y su vida dedicada al ayuno y la oración. Incluso el propio autor la describe como, “virtuosa con toda firmeza y fe, esperanza y amor”, dejando claro que la fe es el núcleo de su santidad.

Por otro lado, Santa Inés representa una joven cristiana cuya fe se convirte en un eje central de su vida, desafiando las creencias paganas. La fe de Inés se manifestó en su rechazo a las propuestas de matrimonio del hijo del adelantado. Ella proclama a Cristo cómo su esposo: “otro amador me vino antes más claro en nobleza de sangre que tú, e más abastado de riqueza e más fermoso de catadura, e por todo poderío e señorío más valiente”. Esta declaración provocó la reacción de los sacerdotes paganos, quienes la consideraron una amenaza a su autoridad: “¡Llevad la maga, llevad la fechizera que trastorna las voluntades y enajena los corazones!”. A pesar de las amenazas de tortura y muerte, Inés afirma su fe en el único Dios, rechazando todo sacrificio a los idolos: “Nin sacrificaré a los aborrescibles dioses, nin me enmanzillare con las agenas suziedades.” La fe de Santa Inés se refleja en su confesión de Cristo como único esposo y en su valentía frente a la persecución. El propio autor afirma que su fe era tan grande que supera la capacidad humana de describirla.

De manera distinta, Santa Magdalena se representa como una de las mujeres menos alabadas, pero cuya historia es fundamental para comprender la fe como conversión y esperanza en el perdón. Luna exclama: “¡O muger bienandante, a quien el redemptor de todos Cristo Jesús por sola su creencia dio tan grandes e tan magníficos beneficios! Ca todos sus pecados le perdonó, e librola de poderío del diablo, e de su amor la encendió todas fizola toda suya, e quiso posar en la su casa”, Magdalena creyó que sólo Cristo podía concederle perdón y salvación. Su fe se manifestó en una lealtad inquebrantable, permaneciendo junto al sepulcro de Jesús cuando todos los discípulos lo habían abandonado, y siendo la primera en presenciar la resurrección. Más adelante, se retiró al desierto durante treinta años, sostenida únicamente por el amor divino, hasta morir en gracia después de recibir la comunión. Luna, aunque reconoce la dificultad de relatar su vida, declara que sus obras de fe fueron más celestiales que humanas, y que Cristo la eligió como símbolo de conversión, penitencia y ardor espiritual.

Santa
Figura 2: Gráfico de la frecuencia de virtudes

En conclusión, la virtud de la fe, entendida como entrega absoluta a Dios, se revela en la vida de Ana, Santa Inés y Santa Magdalena en formas diversas pero complementarias. Ana refleja la fe perseverante y constante; Ines, la valentía que desafía al poder terrenal; y Magdalena, la fe transformadora que conduce al perdón y a la conversión. A través de estas figuras, Alvaro de Luna no solo presenta modelos de virtud femenina, sino que también muestra cómo la fe podía entender en el siglo XV como una fuerza de resistencia, de identidad y de renovación espiritual.